Sahaja Yoga Argentina

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El conocimiento más grande es saber que Dios es amor

Shri Mataji Nirmala Devi

Testimonio

Llegué a Sahaja Yoga después de pedir a Dios que pusiera ante mí al Maestro que pudiera responder todas mis inquietudes.

Estaba pasando un momento muy duro. Un familiar se encontrabainternado con un diagnóstico grave. Me preguntaba a mí misma porqué los seres humanos sufrimos, cuál es nuestra finalidad. ¿Para qué fuimos creados? Pedía a Dios respuestas y que pusiera en mi camino un maestro capaz de guiarme. La espiritualidad es una parte importante en mi vida y estaba decepcionada de algunas experiencias en mi búsqueda. Había notado que, en muchos casos, los mensajes eran relativos y los resultados muy publicitados, pero improbables. En el estado en que me sentía, a causa de la enfermedad de ese familiar, no podía confiar mis inquietudes existenciales y mis emociones, por esos días muy sensibilizadas, a quien no fuera capaz de responder con la Verdad. Saliendo del hospital vi un afiche que decía "La Realización del Ser, Shri Mataji Nirmala Devi en persona, en el Teatro Astros, 20 de octubre de 1994, a las 19 horas". La foto de Shri Mataji (radiante, con una sonrisa plena) y lo que ofrecía me llamaron la atención. Además, se aclaraba muy bien que se trataba de una conferencia libre y gratuita.  Invité a una amiga a que viniera y como periodista que soy, llevé un grabador. Primero hubo canciones en idiomas sánscrito, hindi y marathi. Luego, vino la explicación de qué es el sistema sutil de energía humana y cómo funciona (energía Kundalini, chakras). Cuando llegó Shri Mataji, habló sobre algunos comportamientos extraños de las personas en estos tiempos y, por último, enseñò el ejercicio de La Realización del Ser, que permite el despertar de la energía sutil. Recuerdo, perfectamente, que a medida que lo hacía se me caían las lágrimas. Con los ojos cerrados, una mano sobre la rodilla y la otra, sobre algunas partes del cuerpo, al tiempo que decía afirmaciones.  Mi energía sutil despertaba. Así lo probaban las vibraciones frescas que salían de mis manos (especialmente de una) y de la cabeza. Sin embargo, lo más sorpendente sucedió después: al terminar el programa. Yo sentía deseos de acercarme a Shri Mataji. No sabía por qué, pero quería estar lo más cerca que pudiera de Ella. Unas personas la rodeaban, haciendo un cordón de seguridad para que avanzara desde el escenario hacia la salida. Muchos asistentes a la conferencia querían saludarla, decirle algo, darle las gracias. Habíamos experimentado algo grandioso. Una sensación de bienestar profundo.  Shri Mataji subió a un auto y se fue. Yo miraba todo y no intentaba hacer algo. estaba suspendida en un estado que nunca había conocido. Crucé la calle y, en lugar de detenerme en la parada del colectivo que me llevaba a casa, empecé a caminar. Cuando me dí cuenta, estaba sacando una fruta de la heladera para comer. Recién entonces, me volví consciente de que hacía varias horas que había salido de la oficina, con sed, cansancio y apetito. Pero, en todo el tiempo transcurrido en presencia de Shri Mataji, todas las necesidades habían desaparecido.  No sólo eso, tampoco podía recordar haberme detenido en semáforos, mirado los autos o haber visto gente durante la caminata de veinte cuadras. Todo había sucedido naturalmente sin que yo lo pensara. Estaba guiada por "algo". Esa noche tenía que escribir una nota que se publicaba quincenalmente en la revista donde trabajaba. Cada entrega anterior me había llevado alrededor de 12 horas de tarea. La hacía en dos o tres noches seguidas en las que apenas podía dormir. Esa vez, me senté a la computadora y terminé el trabajo en poco menos de cuatro horas. Escribía todo de corrido. No había nada que pensar, ni reescribir, ni corregir. Nunca más experimenté un estado de tanta saciedad. Había una integración total entre lo que sucedía a mi alrededor y yo. Sin divisiones, ni afuera, sin sentir calor, frío o inquietud. Creo que así debe sentirse el bebé cuando está en el vientre de su mamá.  Seguí las clases de sahaja Yoga y, un tiempo después, me volví consciente de lo que había sucedido aquel día en que obtuve la Realización. Mi energía sutil lo reparaba todo y me protegía de cualquier ambigüedad. Mucho trabajo interior tuvo que realizarse en cada meditación y la energía Kundalini siempre está allí para hacerlo.  No volví a alcanzar esa plenitud de la primera vez, pero sigo Sahaja Yoga porque me dio una vida nueva, donde las mejores cosas son posibles. 

              Sandra Isabel Rodiño,    argentina, 38 años

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